domingo 20 de febrero de 2011

El comienzo de una aventura/ruptura

Tenía 8 años y ya estaba harta, en verdad harta. Su inquieta mente junto a sus manos conspiraban en armonía con esa decisión que solo la niñez nos brinda.

Había comenzado su plan cortando las cabezas de las muñecas que su padre le regalaba con tanto cariño, otras fueran rapadas y algunas con una peor suerte fueron destrozadas por las fauces del perro de la casa.

Estaba harta pese a que solo tenia 8 años había comprendido lo que a otras les demoro años, los que otras al darse cuenta solo ignoraron y lo que una gran cantidad ni siquiera se cuestionaría.

Ella a sus 8 años no quería ser una pieza de estante, un mero adorno, aun menos deseaba convertirse en una ama de casa resignada, menos aun quería unirse a ese rebaño de mujeres independientes que dependen del trabajo para valerse a si mismas, le provocaba asco aquellas mujeres sonrientes de la televisión con muchas curvas pero sin nada que decir.

Simplemente a sus 8 años quería hacer de su vida una aventura, ella no se sometería como su madre y hermanas a aquel ritual que era la depilación solo para satisfacer a otro, ni ella ni sus muñecas se maquillarían (decía “mejor la carita con mugre y ser chusma”). Ella no seria como las demás, como también deseaba que las demás dejaran de ser quienes eran y se sumaran a ser sus compañeras de juegos.

Tomo con un sigilo sin igual el martillo de su padre (la misma herramienta con la que su hermano mayor reventaba a los caracoles que paseaban por el jardín) y encamino sus pequeños pasitos hacia el aparato que le dictaminaba como debía comportarse, el mismo que emitía los comerciales que pretendían dirigir su pequeña existencia hacia maquinas depilatorias, cremas para el cuerpo, muñecas juguete-ama de casa, y todas aquellas cosillas que le provocaban nauseas que se acompañaban con una pequeña dosis de rabia.

Estaba harta a sus 8 años de verdad harta.

Un pequeño acto de rebeldía, de reafirmación de su propia naturaleza, una primera acción en contra del patriarcado (aun sin saber lo que aquello significaba), mas que por lecturas y teorías su acción se vio impulsada por instinto y corazón.

Empuño con fuerza el martillo en contra del televisor, los cristales surcaban el aire, reflejando en cada uno su inocente sonrisa, ya no la hostigarían más imágenes que intentaran someterla a un curso establecido.

De seguro papa estará furioso, pero es el costo del pasaje que debe pagar para zarpar en su aventura.

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